Tiempo litúrgico: La segunda venida de Cristo

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Entre el penúltimo domingo antes de Cristo Rey y el tercer domingo de Adviento, la Santa Iglesia nos invita a meditar profundamente en los "últimos tiempos" o realidades escatológicas: la muerte, el juicio, el cielo y el infierno. Este periodo del año litúrgico está marcado por un tono de reflexión sobre la soberanía de Cristo como Rey del universo y la preparación para Su venida definitiva. 

El penúltimo y último domingo del Tiempo Ordinario, que preceden a la solemnidad de Cristo Rey, resaltan la gloria de Cristo que reinará al final de los tiempos y el llamado a la vigilancia, para estar preparados cuando Él venga en su majestad.

La Solemnidad de Cristo Rey concluye el Año Litúrgico con un recordatorio de que Cristo es el Señor de la historia y que Su Reino es eterno. Este día anticipa la plenitud de su reinado en el fin de los tiempos.

Al entrar en el Adviento, desde el primer domingo hasta el tercero, se mantiene un tono de preparación, pero cambia el enfoque. Aunque aún se habla de la venida gloriosa de Cristo al final de los tiempos en los primeros días, el énfasis paulatinamente se traslada hacia la esperanza del nacimiento del Salvador en Belén. Es un tiempo de conversión, oración y alegría esperanzada, pues nos preparamos para recibirlo en nuestro corazón y en nuestra vida.



¿Escatológico?

El término "escatológico" proviene del griego "éschatos", que significa "último" o "final", y se refiere a las realidades últimas de la vida y del plan de Dios para el mundo y para cada alma. Es decir, lo escatológico tiene que ver con los acontecimientos que ocurrirán al final de los tiempos y con el destino eterno de la humanidad.

En la teología católica, las realidades escatológicas incluyen:  

1. La muerte: el paso de esta vida terrena a la vida eterna.  

2. El juicio particular: el momento en que el alma es juzgada inmediatamente después de la muerte.  

3. El cielo: la comunión eterna con Dios para quienes han vivido en Su gracia.  

4. El purgatorio: un estado de purificación para las almas que necesitan ser limpiadas antes de entrar al cielo.  

5. El infierno: la separación eterna de Dios para quienes han rechazado su amor.  

6. El juicio final: el juicio universal que ocurrirá al final de los tiempos, cuando Cristo vuelva en gloria.  

7. La resurrección de los muertos: la reunión de los cuerpos glorificados con sus almas.  

8. El Reino eterno de Dios: la consumación de todo, donde Dios será "todo en todos" (1 Cor 15,28).  

Este conocimiento no es para que temamos, sino para que vivamos con esperanza, orientados hacia nuestra meta definitiva: estar unidos a Dios por toda la eternidad. Es una invitación a reflexionar sobre nuestra vida presente y a preparar nuestra alma para recibir Su misericordia. “Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora” (Mt 25,13), nos dice el Señor. 

Pidamos siempre al Espíritu Santo que ilumine nuestras almas en esta espera.

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